martes, 31 de mayo de 2011

Valladolid.

Mirar atrás es acordarse del primer día que llegaste, de lo poco que fumabas, de los apuntes que aún no habías cogido, o de todo aquello que sin saberlo iba a dejar de ser un "infinito en potencia", como diría Marian.
Pusiste un pie en el andén preguntándote cuantas veces te cerrarían la boca sabiendo que eso sólo era posible con un beso, y te entregaste a un universo de resacas, insomnio, y pocos recuerdos. De vez en MUCHO, echas de menos a los tuyos, porque los pitis saben mejor en compañía o eso dices, y extrañas la terraza de ese bar donde Danini se terminaba los botellines porque tú no podías más.
Has llegado hasta aquí, y te ha costado. Has quemado unos cuantos colchones antes de ganar la partida, y tienes más noches sin dormir que aprobados. Vives una vida que a veces, cuando gritas, dices que no te pertenece pero que te gusta. Te enamoras de extraños si te invitan a chupitos, y si tienes que llorar ya sabes, tercera planta, mano izquierda, última puerta. Desabrochas canciones de piratas rotos que se han armado de valor cuando se les llenaba la bodega de agua, y el tintineo de tu cascabel informa de tu condición de gato mojado, mojadas las dos, tú por uno, yo por todos. Se te da mejor liar orgasmos que pitis y por eso nos complementamos tan bien, y sabes cuando debes retirarte, aunque no siempre sea a tiempo. Pesas tus inseguridades en la farmacia cuando volvemos de la facul, y no te cansarás nunca de repetir que te pierdes por el centro si ves las calles de día.
Gracias. Y digo gracias porque este trayecto se acaba, y aunque tenga que volver a los trenes, las prisas y los atascos sin que él vaya a buscarme a la estación, mi maleta pesa más que nunca: no precisamente por la ropa. Sino por los buenos momentos.

1 comentario:

Vento dijo...

ala qué bonito *¬*