No es que no cuente con ello o no quiera saberlo, pero entiéndeme, este sofá está así como frío sin ti y no porque el tiempo amenace nieve, y el cigarro me mira desafiante como diciendo "esta vez no pienso saber a sus labios", y por aquí nadie se hincha a cereales, y esta todo tan ordenado que solo pienso en nuestras guerras, porque para bien, o para mal, aunque más lo primero que lo último, hemos lidiado en muchas.
Pero dicen que es mas fácil si uno apunta y el otro distrae al enemigo, dicen que hay cosas que sí que son para siempre, y no tengo apuntes que leer ni a nadie al lado pidiendo mimos, o con ganas de ser solo uno aunque sea cuando me miras desafiante al grito de "sube, que te llevo", que tenemos un camino por recorrer y no conozco otro transporte, tan seguro de que va a ser así siempre, y a la vez con tanto miedo.
Porque a veces puedo leer en tus ojos que con tantos golpes alguno tiene que ser el de suerte, que la vida te da palos pero somos muy rural boys como tu dices, y sabemos lo que es doblar la espalda al sol, los callos de las manos, y que nos sangren los labios los domingos de resaca, echándole la culpa al calimocho y no a tus mordiscos, porque aunque duelan, me gustan.
Y creo que con eso se resume todo, con un dolió pero era necesario, con un somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos, con un "siento no haber apretado fuerte tu mano todas las mañanas de Agosto".
Pero qué más da, si tú pones las hojas y yo el bolígrafo, si parece que el azul bic está de nuestra parte, si escribo por miedo esperando a que lo leas, pero algo, muy dentro de mi, dice que esta vez el cuento llevará buena letra.
sábado, 4 de febrero de 2012
jueves, 2 de febrero de 2012
Always. Z&S
Mi personal "para siempre" es un círculo infinito rodeado de quereres y dolores, aunque más de lo primero.
"Arrodillado te ofrezco un miedo al compromiso" 91problemz.
Nuestro para siempre comenzó mucho antes, cuando tú sonreías perdido entre mi pelo, que por aquel entonces era un atisbo de lo que es ahora, mientras yo dejaba que se afilaran mis rasgos, y al tiempo ambos tratábamos de sorprender lo insorprendible.
Comenzó una noche, en la que un "tenemos toda la vida" me hizo sonreír, y más tarde, ya entre los brazos de Morfeo, me asustó y eso me encantó, porque qué es la vida sin riesgos.
Nunca te mentí, vida mía. Cada roce me enganchó por el miedo y las ganas. Que no sé por qué te amo, si tienes ese puntito canalla, esa frialdad que me hipnotiza, y ese calor que me envuelve cuando solo quiero comer helado (o vasos de leche con galletas) mientras veo Los Simpsons, contigo. Esos celos que no son tal, si no mono de ti mezclado con envidia por poder compartir tu espacio.
Llegó Italia y pasó. Y quién me iba a decir a mí que pasaría aún más tiempo sin ti.
Un collar por Navidad. Un anillo por mi cumpleaños.
Barcelona.
Un anillo por mi cumpleaños. Porque tienes razón, sí me hiciste un regalo, el más valioso que pudiste. Que yo sellé con besos y con el miedo atenazando mi corazón, con las mejillas rojas y los ojos húmedos, sin saber cómo mirarte a la cara en medio de las hogueras de San Juan. Queriendo gritarlo al aire.
TE AMO.
Ese es mi para siempre.
"Arrodillado te ofrezco un miedo al compromiso" 91problemz.
Nuestro para siempre comenzó mucho antes, cuando tú sonreías perdido entre mi pelo, que por aquel entonces era un atisbo de lo que es ahora, mientras yo dejaba que se afilaran mis rasgos, y al tiempo ambos tratábamos de sorprender lo insorprendible.
Comenzó una noche, en la que un "tenemos toda la vida" me hizo sonreír, y más tarde, ya entre los brazos de Morfeo, me asustó y eso me encantó, porque qué es la vida sin riesgos.
Nunca te mentí, vida mía. Cada roce me enganchó por el miedo y las ganas. Que no sé por qué te amo, si tienes ese puntito canalla, esa frialdad que me hipnotiza, y ese calor que me envuelve cuando solo quiero comer helado (o vasos de leche con galletas) mientras veo Los Simpsons, contigo. Esos celos que no son tal, si no mono de ti mezclado con envidia por poder compartir tu espacio.
Llegó Italia y pasó. Y quién me iba a decir a mí que pasaría aún más tiempo sin ti.
Un collar por Navidad. Un anillo por mi cumpleaños.
Barcelona.
Un anillo por mi cumpleaños. Porque tienes razón, sí me hiciste un regalo, el más valioso que pudiste. Que yo sellé con besos y con el miedo atenazando mi corazón, con las mejillas rojas y los ojos húmedos, sin saber cómo mirarte a la cara en medio de las hogueras de San Juan. Queriendo gritarlo al aire.
TE AMO.
Ese es mi para siempre.
Resumen de una vida.
Cada día más sola, más mil leches, más triste, más loca, más mejor.
¿Y sabes qué te digo?
Mientras él esté conmigo, no tengo nada que temer. Y nadie a quién dar cuentas.
¿Y sabes qué más?
Olvídame.
¿Y sabes qué te digo?
Mientras él esté conmigo, no tengo nada que temer. Y nadie a quién dar cuentas.
¿Y sabes qué más?
Olvídame.
sábado, 21 de enero de 2012
Me gusta porque...
parece que lleváramos juntos toda una vida, y aún así, no deja de sorprenderme. Porque su lado de la cama siempre está caliente aunque fuera esté nevando y no haya calefacción. Porque no le gustan las almohadas blandas, ni las cosquillas, y le cuesta despertarse los domingos cuando no hay que despedirse en la estación de turno, y a veces acaba películas como diciendo "te quiero por encima del polvo que te voy a echar después, que puede esperar", y otras veces le queman las ganas y hace que hasta en la ducha le eche de menos. Okupó todo mi mundo, me cosió las alas, y muchas veces nos hace falta poquito más que la inseguridad y un par de botijos en el bar de la esquina, así, sin más, y paga el que lleva suelto. No tiene los ojos de ningún color y a la vez son de todos, esa capacidad innata que tiene de volar a las tres de la tarde como si fueran las de la mañana, aunque ni él es mi príncipe, ni yo su princesa; porque en este reino sobran coronas, banderas, ejércitos de mariposas desfilando por los estómagos, porque la pasión tiene ley: que sea entre nosotros. Y si cambia la dirección del viento me enciendo un piti y que suene Deltoya, que tenemos cuatro manos para girar el timón del barco.
domingo, 8 de enero de 2012
Le mort.
Aquella casa exudaba el aroma de la muerte. No literalmente, pero tú,
lector, me entiendes. Cada esquina suspiraba y gemía, viendo la lenta
partida de un alma más. Un nombre más. El mayor problema de ella era que
tenía el corazón fuerte. Sí, en su caso era un problema. A su edad y
con sus achaques, llevaría tiempo muerta de no ser por su corazón, que
se empeñaba en mantenerla viva de una manera u otra. Hay quien en
aquellos días decía que era una forma bonita y tranquila de morir, en
casa, con sus hijos. No existe tal forma, morir nunca es bonito, ni
tranquilo. Morir asusta, aunque quizá asuste más la muerte de otros que
la tuya misma. Morir implica enfrentarse a uno de los pocos misterios
que probablemente nunca alcancemos a comprender. Yo la veía vagar con
esos ojos que miraban sin ver, de un lado a otro, con la desesperación
pintada en unas pupilas tan negras como el iris. Tenía miedo, y también
podía olerlo. Cuando estaba de pie, apenas aguantaba unos segundos,
abrazada como un koala a mí, o a cualquier otra persona que la hubiera
ayudado a ello. De vez en cuando nos preguntaba si el corazón aún le
latía, o si la sombra del sillón era la muerte. No tía, contestábamos,
es tu sobrina. Nos pedía a todos, uno por uno, que rezáramos por ella, y
pese a todo yo acababa haciéndolo. Solo por si acaso, por si esta vez
me escuchaba. Aunque no me atrevía a pedir más vida para ella, porque no
sabía si sería peor. Simplemente pedía que estuviera bien y tranquila.
Lo más curioso de todo fue la rapidez con la que llegó el declive. Una semana antes, ella me decía que fuera a verla a solas, para darme caramelos y criticar a todos esos estúpidos de su alrededor, me decía, sabiendo perfectamente que todos "esos estúpidos" podían oírla. Y entonces, cuando la veía pedirnos que la lleváramos a la cama, y al decirla que no se inventaba otra excusa renovada y aún mejor, yo sabía que no estaba loca. Que sabía lo que decía, que era tan lista como siempre. Y que precisamente por ello estaba aterrada, como un niño ante un precipicio.
Lo más curioso de todo fue la rapidez con la que llegó el declive. Una semana antes, ella me decía que fuera a verla a solas, para darme caramelos y criticar a todos esos estúpidos de su alrededor, me decía, sabiendo perfectamente que todos "esos estúpidos" podían oírla. Y entonces, cuando la veía pedirnos que la lleváramos a la cama, y al decirla que no se inventaba otra excusa renovada y aún mejor, yo sabía que no estaba loca. Que sabía lo que decía, que era tan lista como siempre. Y que precisamente por ello estaba aterrada, como un niño ante un precipicio.
miércoles, 21 de diciembre de 2011
Por eso, no te vayas.
y entonces te recordare en toda la ropa dada de sí, en los cajones vacíos, la falta de palomitas por el suelo y los ceniceros semidesnudos, y todo podrá ser otra vez imperfecto y rutinario, y los miércoles sabrán a poco y menos aún los botellines de los viernes, y despertarse un domingo de resaca sólo podrá llegar a ser un sinónimo de derrota, si son mas de las seis y nadie se molesta en decir "buenos días, preciosa", los autobuses volverán a ser enemigos ocultos de las pasiones, guiños a la indiferencia cualquier día a las dos cuando tu mano se despida entre mis piernas, la mesa no servirá más que para estudiar, que mi habitación esté desordenada tendrá un sabor amargo, y hasta el hueco de mis clavículas te echará de menos.
domingo, 11 de diciembre de 2011
Le petite mort, siempre inconclusa.
y cuando vuelve a casa a cenicienta le sobran chupitos a falta de un principe que le traiga su zapato, porque duermen lejos y respiran mal por no acuchillarse el aire a base de besos, y se pierden en un par de callejones sin salida porque saben que al día siguiente saldrá el sol aunque no haya habido carroza de vuelta a casa, por el rollo ese de la superacion, de quererse más y mejor a medida que pierden la ropa, de conocer a ciencia cierta lo que es pelear entre kilómetros, no poder llegar porque han dado las doce, deshojar cada segundo de la espera, buscar aliento en un piti y que no me joda no escribir porque todo es perfecto, porque no hay penas que camuflar ni mundos paralelos que construir a base de tinta y folios arrugados, porque no tengo que contar más mentiras, porque Cien años de soledad parece lo que duró su espera, Rebeca Montiel tragándose sus mariposas y las de otras cuarenta, porque el sonido de los muelles les recuerda que siguen vivos, que aquí están a pesar de las tormentas, que tienen una eternidad por delante, con poquito más que la inseguridad vistiéndoles todos los días,quemando tronos, arañando espaldas, terminando películas como mayor exponente del romanticismo, abrazándose debajo de la ducha, apagando despertadores, queriéndose en amateur, como dice escandar, y lo que es más importante, follándose como si se hubieran buscado toda la vida...
domingo, 4 de diciembre de 2011
¿A los cuantos cállate empezamos a besarnos?.
Ninguno. Ninguno porque llegó sonriendo como si supiera que ella llevaba esperando ese momento toda su vida. No hicieron falta palabras, ni tan siquiera un gesto porque las calles de esa ciudad parecían distintas ya por esas horas. Y dicen que somos humanos y por eso nos tropezamos, que algunos aprenden de sus errores y otros simplemente los olvidan, que no hay que arrepentirse de algo si ese algo era justo lo que querías hacer en ese momento. Bueno, pues esta es la verdad: que le habría besado a él y solo a él hasta desgastarle, le habría prometido una eternidad que tenía guardada como el mejor de los secretos, habría planeado setecientos veintisiete lugares a los que huir con él, pero fui cobarde. Dicen que cuando quieres a alguien debes dejarle ir, y que si no vuelve, nunca fue tuyo.Y esta es nuestra historia: que si mi corazón latía (y late) era por sus sonrisas, porque tenía esa jodida fuerza capaz de mover montañas, esa tranquilidad aun cuando todo iba mal, esa capacidad de hacer que el mundo desapareciera por unos segundos...
Todos los lo siento van a ser poco, y nunca se me han dado bien las supercompensaciones, pero tal día como hoy, a eso de las dos de la mañana, a mi sólo me sale decirle que el miedo no me va a ganar este pulso: porque quiero abrazarle tan fuerte, que parezcamos uno solo, y si me voy, sólo va a ser a hacer palomitas. Dicen que ser el primero puede ser perfecto, pero ser el último es todo un éxito. Y leyendo eso, en una habitación que no es la mía y sabiendo que la cama esta fría porque no está el para calentarla, solo me sale decirlo: que después de él no hay nada más, y que pase lo que pase, y aunque hoy no esté para llamarme bonita medio dormido, soy la persona más feliz del planeta... no hay duda.
=)
Todos los lo siento van a ser poco, y nunca se me han dado bien las supercompensaciones, pero tal día como hoy, a eso de las dos de la mañana, a mi sólo me sale decirle que el miedo no me va a ganar este pulso: porque quiero abrazarle tan fuerte, que parezcamos uno solo, y si me voy, sólo va a ser a hacer palomitas. Dicen que ser el primero puede ser perfecto, pero ser el último es todo un éxito. Y leyendo eso, en una habitación que no es la mía y sabiendo que la cama esta fría porque no está el para calentarla, solo me sale decirlo: que después de él no hay nada más, y que pase lo que pase, y aunque hoy no esté para llamarme bonita medio dormido, soy la persona más feliz del planeta... no hay duda.
=)
domingo, 27 de noviembre de 2011
Él susurraba una y otra vez que ella era una buena persona. Cada una de las veces ella se estremeció. Le caían en la nariz mechones de pelo que brillaban a la luz de la farola más cercana, mientras su mano derecha hacía una doble función: sujetar la frente de su amigo mientras potaba y eliminar el sudor de esa misma, a pesar de encontrarse a finales de noviembre y a pocos grados por encima del cero. Su mano izquierda le sujetaba el móvil en la oreja izquierda de él, pues insistió en continuar la conversación. Y precisamente que la hubiera continuado era lo que hacía que ella, en precario equilibrio sobre las puntas de sus pies, tras él, se estremeciera por sus palabras.
Fue como si no se hubiera duchado desde la navidad pasada, cuando casi le parte la cara en la cena anual. Al oírle decir eso, sabiendo que estaba lo suficientemente consciente como para saber de sobra lo que decía y con quién hablaba, se sintió renovada. Casi como si aquello nunca hubiera pasado, como si siempre hubiera estado con ella, y nunca hubiera dudado.
Se despejó aquello de la cabeza y se acercó el móvil a su propia oreja mientras él volvía a vomitar.
-Es la segunda vez que vomita.
Al otro lado del teléfono se oyó responder otra voz femenina.
-Ya le oigo. Avísame cuando esté mejor.
-De acuerdo. Te dejo ciao.
Colgó con el pulgar y se las apañó para devolverle el móvil al bolsillo de su abrigo.
-Estoy mejor.
-Te dije que debías haber potado antes.
-Ay, cállate.
Él hizo un amago de ponerse en pie, y ella se pasó su brazo izquierdo por encima de los hombros para ayudarle a caminar. Una estampa típica en aquel parque segoviano.
Fue como si no se hubiera duchado desde la navidad pasada, cuando casi le parte la cara en la cena anual. Al oírle decir eso, sabiendo que estaba lo suficientemente consciente como para saber de sobra lo que decía y con quién hablaba, se sintió renovada. Casi como si aquello nunca hubiera pasado, como si siempre hubiera estado con ella, y nunca hubiera dudado.
Se despejó aquello de la cabeza y se acercó el móvil a su propia oreja mientras él volvía a vomitar.
-Es la segunda vez que vomita.
Al otro lado del teléfono se oyó responder otra voz femenina.
-Ya le oigo. Avísame cuando esté mejor.
-De acuerdo. Te dejo ciao.
Colgó con el pulgar y se las apañó para devolverle el móvil al bolsillo de su abrigo.
-Estoy mejor.
-Te dije que debías haber potado antes.
-Ay, cállate.
Él hizo un amago de ponerse en pie, y ella se pasó su brazo izquierdo por encima de los hombros para ayudarle a caminar. Una estampa típica en aquel parque segoviano.
viernes, 4 de noviembre de 2011
...
Y ella no pudo sostener el escalofrío que suponía volver a vivir lo mismo, y nadie la impidió gritar sacando la cabeza por la ventana hasta quedarse sin aliento, golpear todos y cada uno de los muebles de la habitación hasta que le sangraran los nudillos. Se le olvidó lo aprendido en la espera, que para salir a la calle con tacones hay que practicar en casa, que uno más uno no siempre suman dos, que si no lo haces, te arrepientes de por vida, que engañar esta mal pero a veces parece hasta necesario, y que las manchas de vino se quitan, pero sólo si lavas la ropa muchas veces. Apretó los dientes como lo había hecho otras tantas, se dejó querer en otros cuerpos, y en otras horas, pero no en otras posturas. Volatizó su corazón, y después, con la cabeza bien alta, le despidió entre lágrimas.
jueves, 27 de octubre de 2011
Espirales.
La inspiración se escurre entre las cuatro paredes de esta cama, por eso de que sin ti es una jaula y como queriendo decirme que aunque haya calefacción, en mi cuarto va a seguir haciendo el mismo frío.
Una mirada nos basta para parar el tiempo sin que se enteren los relojes, y cuando te vas por aquí queda poco más que el desanimo, rezar por que vuelvas mañana.
Soñar que no estás y despertarme con tu "bonita" no se puede comprar con oro, y ni todos los enamorados del mundo son capaces de entender lo que se siente.
Desde que te conocí se me hace más jodido lo de dormir sola.
Y puede que tenga poco más que mi inexistencia, unos pantalones rotos y unas ganas horribles de que te corras mirándome a la cara, - por mucho que diga que el bruto eres tu- sonrisa en ristre, corazón a prueba de bombas.
Los pitis saben distintos, y a veces saco dos como creyendo que estas al lado, meto las manos en los bolsillos
y no hay fuego, como si todos los mecheros del mundo pudieran igualar lo que supone nuestro cuerpo a cuerpo. Aunque te regañe me gusta que mi habitación esté desordenada, y si pasan cinco minutos de película
echo de menos tu mano aislándome del mundo, o abriéndome las piernas, pues yo creo que últimamente,
son sinónimos... Que la hundas en mis pantalones no se compara con vidas anteriores, y si no fuera por las viejas fotos, juraría que no son mías.
Fui rechazando los reservados porque me sugería más un prohibido el paso, el espeso rechinar de dientes que me provoca el frío de las ocho de la mañana, cuando suena el despertador y no lo apago.
Y hasta en tus pequeñas manías me gustas, mi cabeza no para de construir palacios de treinta metros,
con poco más que un poco de truja y el primer nosotros, que me atrevería a escribir en mayúsculas.
Todo se ha basado en estrellarse, en aprender a querer - y a follar - con Cien años de soledad que es lo que ha durado esta espera, y los cien que tengo por delante para regalarte. Poco más dicen mis letras a estas horas, teniendo en cuenta que sólo descanso cuando noto tu respiración en mi cuello - y ese es el motivo de mi insomnio -, algo de sueño, unas veinte cajetillas de tabaco vacías, y un arma entre las piernas que se dispara sólo si te siente cerca.
Me quedo sin letras aunque no sea el peor de los pecados, aprendo a sumar uno más uno por mucho que las matemáticas digan que es un error, y que la probabilidad es tan ínfima, que puede que me haya tocado la lotería. No tengo suerte en nada y esto no iba a ser menos. Pero puede acabarse el mundo mañana, puede llevarse mi abrigo y todo lo que sembré durante años, una sola ráfaga de viento.
Puedo mojarme, tener nuestro sudor al cuello, como quien dice, que nada hará que hoy Pucela no me parezca oscura y vacía, y no porque no tenga ni pitis, ni fuego, ni esa pequeña parte que me completa
en forma de mis amigos recogiéndome un sábado a las seis
cuando nos come la mierda.
Todo es mucho más fácil, y aunque la mitad de habitantes de esta población no se den cuenta,
se que esta noche va a llover, porque en esta jaula - como quien dice -
sobran rayos y la luz nos ciega, abundan parques y colas del inem, quedan trozos de sabores por el suelo, pero el vacío más grande - aunque nunca te lo haya dicho - es el que deja tu sonrisa.
Una mirada nos basta para parar el tiempo sin que se enteren los relojes, y cuando te vas por aquí queda poco más que el desanimo, rezar por que vuelvas mañana.
Soñar que no estás y despertarme con tu "bonita" no se puede comprar con oro, y ni todos los enamorados del mundo son capaces de entender lo que se siente.
Desde que te conocí se me hace más jodido lo de dormir sola.
Y puede que tenga poco más que mi inexistencia, unos pantalones rotos y unas ganas horribles de que te corras mirándome a la cara, - por mucho que diga que el bruto eres tu- sonrisa en ristre, corazón a prueba de bombas.
Los pitis saben distintos, y a veces saco dos como creyendo que estas al lado, meto las manos en los bolsillos
y no hay fuego, como si todos los mecheros del mundo pudieran igualar lo que supone nuestro cuerpo a cuerpo. Aunque te regañe me gusta que mi habitación esté desordenada, y si pasan cinco minutos de película
echo de menos tu mano aislándome del mundo, o abriéndome las piernas, pues yo creo que últimamente,
son sinónimos... Que la hundas en mis pantalones no se compara con vidas anteriores, y si no fuera por las viejas fotos, juraría que no son mías.
Fui rechazando los reservados porque me sugería más un prohibido el paso, el espeso rechinar de dientes que me provoca el frío de las ocho de la mañana, cuando suena el despertador y no lo apago.
Y hasta en tus pequeñas manías me gustas, mi cabeza no para de construir palacios de treinta metros,
con poco más que un poco de truja y el primer nosotros, que me atrevería a escribir en mayúsculas.
Todo se ha basado en estrellarse, en aprender a querer - y a follar - con Cien años de soledad que es lo que ha durado esta espera, y los cien que tengo por delante para regalarte. Poco más dicen mis letras a estas horas, teniendo en cuenta que sólo descanso cuando noto tu respiración en mi cuello - y ese es el motivo de mi insomnio -, algo de sueño, unas veinte cajetillas de tabaco vacías, y un arma entre las piernas que se dispara sólo si te siente cerca.
Me quedo sin letras aunque no sea el peor de los pecados, aprendo a sumar uno más uno por mucho que las matemáticas digan que es un error, y que la probabilidad es tan ínfima, que puede que me haya tocado la lotería. No tengo suerte en nada y esto no iba a ser menos. Pero puede acabarse el mundo mañana, puede llevarse mi abrigo y todo lo que sembré durante años, una sola ráfaga de viento.
Puedo mojarme, tener nuestro sudor al cuello, como quien dice, que nada hará que hoy Pucela no me parezca oscura y vacía, y no porque no tenga ni pitis, ni fuego, ni esa pequeña parte que me completa
en forma de mis amigos recogiéndome un sábado a las seis
cuando nos come la mierda.
Todo es mucho más fácil, y aunque la mitad de habitantes de esta población no se den cuenta,
se que esta noche va a llover, porque en esta jaula - como quien dice -
sobran rayos y la luz nos ciega, abundan parques y colas del inem, quedan trozos de sabores por el suelo, pero el vacío más grande - aunque nunca te lo haya dicho - es el que deja tu sonrisa.
lunes, 24 de octubre de 2011
The rest of my life!
Que nadie que no seas tú vera esa sonrisa porque ya no es sin la tuya. Que no hay amor sin temor, pero nos sobran huevos y ganas.
Y que no necesito ser la primera, me basta con ser la última.
=)
Y que no necesito ser la primera, me basta con ser la última.
=)
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