jueves, 1 de julio de 2010

Incandescente.

No seré cómplice de nuevo de ese escalofrío que recorre mi columna vertebral cada vez que vuelves para luego irte. A decir verdad, me arrepentiré el resto de mis días de ese jodido armisticio que firmaron nuestros corazones. Y todo eso sin saber que lo que más te gustaba era perder el norte en mis ojos. ¿Por qué?. No lo sé. Lo cierto es que todos los dardos en forma de beso que alguna vez decidiste lanzarme entre tus sábanas se clavaron en mi corazón y le derritieron como si de fuego se trataran. Que escuchar tu nombre es como reventar poesías contra paredes. Que negarme es un intento estúpido de torcer mi camino girando por la calle que da a tu tercera curva (mano derecha). Y que sé que sabes que no sé mentir, y no vengo a contarte cómo va mi vida ahora que sólo eres un reflejo en ella. No pretendo decirte lo mucho que te echa de menos el espejo de la entrada o simplemente cómo tiembla mi piel cuando siente tu olor desgarrándole cada poro. No. Porque no serviría de nada. Porque te fuiste para no volver, dejando un rastro de una prosa tímida y atormentada que ahora trata de recordarte. Pero que no lo consigue.

2 comentarios:

Pablo dijo...

Aplaudo con ojos como platos... ;)

Salamandra dijo...

FLI-PO :D