miércoles, 10 de noviembre de 2010

Suerte.

Ella adoraba cambiar el tacto de su camiseta por el de sus manos. Tenía un curioso tira y afloja con su corazón, de esos en los que la cabeza siempre pierde. Enloquece cuando escucha el golpe de sus botas contra el suelo, casi anticipando el arcoiris de sus ropas al cruzar el aire. Le gusta hablar sola, o acompañada, o decir tantas tonterías que luego es él quien tiene que borrar el rojo de su cara a base de crearla un colchón de besos. El descaro de una sonrisa rompe cada una de sus defensas, e incluso sus neuronas le chillan que corra a buscar sus labios. Porque hasta su manera de trazar una letra le hace sentir ganas de morderle los poros. Porque, en serio, escucharle cantar en su oído es el mayor placer que puede ofrecerle, y creedme que es decir mucho. Que todas esas veces en las que el disimulo es más fuerte que el deseo le gusta recordar su rostro en cada uno de los momentos que ella no puede más que reír, así, en bajito, sabiendo que la oye y entreviendo la sonrisa de él, esa que puede hacerla sentirse la persona más afortunada del mundo. Porque a veces solo su voz y esa maldita media sonrisa irónica, o quizá insinuante, o retadora, o.. o simplemente esa que la dice: "ven, venga, ven y bésame", solo con eso es capaz de hacerla tener ganas de reír, de llorar de pura felicidad.

2 comentarios:

txè dijo...

puag!
la pili lo peta!

Salamandra dijo...

Mmm.. no soy Barby xD