viernes, 26 de noviembre de 2010

Cucharadas de Venus.

Puedo sonreír inmersa en la horizontalidad de la barra de un bar en tono grafito oscuro mientras pierdo mis pensamientos por las autopistas que confluyen en esa cajetilla de Camel de la mesa de la esquina, y en cómo se le queda ese pelo de allá si se pasa la mano por el pelo, así, distraído. Puedo pensar en por qué le hago caso cuando le veo sonreír a mi pelo liso, y por qué me llena de orgullo ver sus ojos verdes clavados en mi rostro, todo esto mientras juego con la copa que me hace saber a limón. Nunca se me ha dado bien rizar palabras, y no sé, qué es sentir todo eso si le veo sentado allí, en un lugar que me agobia y me incomoda, pero que a él le hace feliz. Sueño con hacerle el desayuno cada mañana del resto de mi vida, y después el amor, y repetir la misma secuencia con cierta regularidad en las 24 horas del día. Porque no soy ni Moccia ni Sabina, pero con él soy quién me pida. Que un móvil con cascos y Marea en la pantalla no es nada si no son tus labios los que descansan en mi cuello, mientras las comisuras de los míos se curvan en ese gesto que solo me sale contigo. Mientras desafío al mundo a decirme que no soy tuya. Mientras reivindico que tu boca es mía si a nuestras mentes les apetece.
Porque por la noche, entre las sábanas, no siento tu calor.

2 comentarios:

Salamandra dijo...

Inspirado en http://ungatoenlaazotea.blogspot.com/
Gracias, por todos esos magníficos momentos en los que contengo la respiración esperando un nuevo texto.. =)

barby pili dijo...

flipas con como escribes... FLIPAS MARIANITA.