Yo
soy una de esas chicas que leen. Sé lo que es hablar y hablar de un
libro; odiar a un autor, y amarlo a la vez; sufrir por alguien que solo
existe entre la tinta, entre las páginas de un libro; llorar en un
epílogo; que mi olor favorito no sea la colonia que él usa, si no el
olor a libro nuevo; enamorarme de esa trilogía que sigue amarilleando en
mi estantería, porque seguiré redescubriéndola cada vez que la abro.
Sé
lo que es ser yo. Pero no tengo ni idea de qué es ser él. Él, que es
quien me ve perderme cada día entre las historias, como quien pasea por
un laberinto de pensamientos, "hielo y cristal". Él, que me ha sufrido
durante semanas tras cada epílogo, él ha secado lágrimas de amargura
porque se acabó. Él me ha escuchado hablar sin parar sobre ese personaje
que me enamora entre las líneas, con una sonrisa, o de ese ángel
mecánico, simplemente porque pienso que puede llevarle a mi mundo.
Pero
sobre todo, él aguanta cada día vivir con alguien que ve a través de la
tinta. Con una persona que vive su vida como si fuera una historia.
Conozco las pausas y los espacios necesarios, conozco los puntos de
clímax de una historia lo suficiente como para disfrutarlos sádicamente.
Cada día, despierta al lado de alguien que se levanta con la ilusión de
encontrar en su camino un nuevo libro que devorar.
Y eso no debe ser nada fácil.
martes, 28 de mayo de 2013
jueves, 28 de marzo de 2013
Dreams.
Quizá los sueños sean ya algo tan manido que no merezca la pena escribir sobre ello, pero no seré la única que despierta sobresaltada esta mañana. Soñar contigo sigue siendo como darme cabezazos contra un muro al despertar. Soy tan experta en cosas rotas como en utopías, el mundo a mi alrededor se construye con castillos en el aire, con sueños, y no es cierto que al cerrar los ojos se apaga el universo. El rugido de una moto suena bien en mis oídos de musa, que es lo que soy cuando estoy dormida, porque siempre es lo mismo. las utopías se convierten en algo tangible, en lo que amo, y me rodean para hacerme caer en un lugar extrañamente feliz. Y es eso lo que me acaba sorprendiendo. Hoy me sorprendió lo suave que estaba la sábana contra mis pies, la sensación de calma en mi pecho, la larga conversación, las risas y la sensación de complicidad. Como odio sentir eso como algo extraño. Y cuando desperté, ni el mundo entero pudo parar el torrente que salió de mi, como cada vez que hago un intento fallido, como cuando de pequeña no saltaba lo suficientemente lejos, no corría lo suficientemente rápido, no lograba volar si saltaba por la ventana.
No sé cómo consigo imaginar sus ojos con ternura, cuando nunca la tuvieron. Aún así lo hago y luego me duele, y me siento idiota. Ya no entro en esa adicción de la que hablaba, evito el contacto, evito entrar en un tornado de sensaciones contradictorias que no me hacen ningún bien. Pero a veces me duermo y no soy yo, o quizá si lo sea, pero no me parezco a mi, ni él a él. Y no puedo huir, porque realmente no quiero.
No sé cómo consigo imaginar sus ojos con ternura, cuando nunca la tuvieron. Aún así lo hago y luego me duele, y me siento idiota. Ya no entro en esa adicción de la que hablaba, evito el contacto, evito entrar en un tornado de sensaciones contradictorias que no me hacen ningún bien. Pero a veces me duermo y no soy yo, o quizá si lo sea, pero no me parezco a mi, ni él a él. Y no puedo huir, porque realmente no quiero.
Adicción.
Se abrazó a sí misma, fuerte. Estaba sentada en su silla con ruedas,
frente a su escritorio, con la pantalla del ordenador iluminándole el
rostro. El piso, de alquiler, estaba en silencio, salvo por la música
que salía de su propio ordenador. Su habitación era azul, azul cielo,
detalle que le hizo sonreír cuando entró por vez primera, cuando hacía
tanto calor que sudaba bajo sus frescos pantalones bombachos. Se mordió
el labio, nerviosa. El insomnio y la cafeína no ayudaban demasiado,
pensó distraída mientras cogía la taza de café, café dulce. Añoró el
sabor del café sin azucarar.
Tecleaba sin prisa, como movida por un hilo invisible, sin pensar siquiera en lo que escribía. El cenicero estaba vacío a su lado, y se encontró deseando que la habitación oliese a humo. Sacudió la cabeza, apretando los dientes, y miró la pantalla. Los textos de él estaban allí, como no. Se preguntaba muy a menudo por qué se torturaba. No era masoca, eso lo sabía. Pero aún así, seguía visitando el blog todas las semanas, como un drogadicto buscando heroína, un placer que la mataba. Vivía pendiente del buzón al llegar de clase, levantando la tapa con miedo de ver allí la temida carta. Solía despertarse boqueando, sin respiración, después de cada pesadilla. Pesadillas que no eran tales, simplemente sueños que se torcían más de lo debido.
Se vio de repente reflejada en la pantalla. Las gafas precedían unos ojos abiertos, rojos, asustados. La boca estaba entreabierta, y una cascada de pelo caía desde el moño medio deshecho. Las mejillas daban la sensación de estar hundidas, al igual que las cuencas oculares, remarcando su sensación de drogadicta.
-Se acabó.- pero su mano vaciló a la hora de cerrar el portátil. Crispó el puño, con rabia contenida.- Maldita sea. Cómo puedo ser tan imbécil.
Se levantó, vestida tan solo con unas braguitas y un jersey ancho, y fue al baño. Se mojó la cara y se miró al espejo. La cara que vio era bonita, ligeramente maquillada, y los ojos que le devolvían la mirada eran expresivos e inocentes. Apoyó la frente en el espejo.
-Tengo que parar. Tengo que echarle de mi vida. Tomé la decisión, como puedo ser tan débil..
Se dejó resbalar por la pared. El baño estaba más fresco que su habitación. Era agradable, pero se obligó a levantar de allí y encaminarse a su cuarto. Al entrar, no se detuvo ni un momento: cerró el portátil con la mano abierta, y casi le dolió el suave clic.
Se quitó el jersey, dejándolo en la silla, y se metió en la cama, apagando la luz con el pie.
-Buenas noches, pesadillas.
Horas después, sus ojos seguían abiertos.
Tecleaba sin prisa, como movida por un hilo invisible, sin pensar siquiera en lo que escribía. El cenicero estaba vacío a su lado, y se encontró deseando que la habitación oliese a humo. Sacudió la cabeza, apretando los dientes, y miró la pantalla. Los textos de él estaban allí, como no. Se preguntaba muy a menudo por qué se torturaba. No era masoca, eso lo sabía. Pero aún así, seguía visitando el blog todas las semanas, como un drogadicto buscando heroína, un placer que la mataba. Vivía pendiente del buzón al llegar de clase, levantando la tapa con miedo de ver allí la temida carta. Solía despertarse boqueando, sin respiración, después de cada pesadilla. Pesadillas que no eran tales, simplemente sueños que se torcían más de lo debido.
Se vio de repente reflejada en la pantalla. Las gafas precedían unos ojos abiertos, rojos, asustados. La boca estaba entreabierta, y una cascada de pelo caía desde el moño medio deshecho. Las mejillas daban la sensación de estar hundidas, al igual que las cuencas oculares, remarcando su sensación de drogadicta.
-Se acabó.- pero su mano vaciló a la hora de cerrar el portátil. Crispó el puño, con rabia contenida.- Maldita sea. Cómo puedo ser tan imbécil.
Se levantó, vestida tan solo con unas braguitas y un jersey ancho, y fue al baño. Se mojó la cara y se miró al espejo. La cara que vio era bonita, ligeramente maquillada, y los ojos que le devolvían la mirada eran expresivos e inocentes. Apoyó la frente en el espejo.
-Tengo que parar. Tengo que echarle de mi vida. Tomé la decisión, como puedo ser tan débil..
Se dejó resbalar por la pared. El baño estaba más fresco que su habitación. Era agradable, pero se obligó a levantar de allí y encaminarse a su cuarto. Al entrar, no se detuvo ni un momento: cerró el portátil con la mano abierta, y casi le dolió el suave clic.
Se quitó el jersey, dejándolo en la silla, y se metió en la cama, apagando la luz con el pie.
-Buenas noches, pesadillas.
Horas después, sus ojos seguían abiertos.
sábado, 2 de junio de 2012
Rememberando.
Cuenta ya más de año y medio desde la última vez que eché de menos un beso de unos labios que no fueran suyos. Desde la última vez que rompí cristales con sonrisas fingidas que cantaban más desafinadamente que mi propia voz. Más de año y medio desde la última borrachera por amor (es decir, para olvidar), más de año y medio de placeres y burbujas, solo, solo, para nosotros.
Más de año y medio de mis últimas frases con agujas y dolores, de la inspiración acusada en forma de arrebatos y nudos en la garganta. Porque ya no escribo frases memorables, por aquello de que la inspiración se acopla al corazón, y demuestro más de lo que digo.
Ya no puedo hablar de almohadas con olores que maten, ni de sábanas frías, ni de paredes vacías, ni de polvos sin amor, ni de arañazos en la espalda que te maten más de remordimientos que de dolor al despertar. Ya no existen los corazones rotos, ya no me pierdo entre calles revolcando el corazón en el fango.
Ahora sé que nunca estuve enamorada, solo de él. De él. Única y locamente.
Más de año y medio de mis últimas frases con agujas y dolores, de la inspiración acusada en forma de arrebatos y nudos en la garganta. Porque ya no escribo frases memorables, por aquello de que la inspiración se acopla al corazón, y demuestro más de lo que digo.
Ya no puedo hablar de almohadas con olores que maten, ni de sábanas frías, ni de paredes vacías, ni de polvos sin amor, ni de arañazos en la espalda que te maten más de remordimientos que de dolor al despertar. Ya no existen los corazones rotos, ya no me pierdo entre calles revolcando el corazón en el fango.
Ahora sé que nunca estuve enamorada, solo de él. De él. Única y locamente.
sábado, 4 de febrero de 2012
Partiendo la madrugada en dos.
No es que no cuente con ello o no quiera saberlo, pero entiéndeme, este sofá está así como frío sin ti y no porque el tiempo amenace nieve, y el cigarro me mira desafiante como diciendo "esta vez no pienso saber a sus labios", y por aquí nadie se hincha a cereales, y esta todo tan ordenado que solo pienso en nuestras guerras, porque para bien, o para mal, aunque más lo primero que lo último, hemos lidiado en muchas.
Pero dicen que es mas fácil si uno apunta y el otro distrae al enemigo, dicen que hay cosas que sí que son para siempre, y no tengo apuntes que leer ni a nadie al lado pidiendo mimos, o con ganas de ser solo uno aunque sea cuando me miras desafiante al grito de "sube, que te llevo", que tenemos un camino por recorrer y no conozco otro transporte, tan seguro de que va a ser así siempre, y a la vez con tanto miedo.
Porque a veces puedo leer en tus ojos que con tantos golpes alguno tiene que ser el de suerte, que la vida te da palos pero somos muy rural boys como tu dices, y sabemos lo que es doblar la espalda al sol, los callos de las manos, y que nos sangren los labios los domingos de resaca, echándole la culpa al calimocho y no a tus mordiscos, porque aunque duelan, me gustan.
Y creo que con eso se resume todo, con un dolió pero era necesario, con un somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos, con un "siento no haber apretado fuerte tu mano todas las mañanas de Agosto".
Pero qué más da, si tú pones las hojas y yo el bolígrafo, si parece que el azul bic está de nuestra parte, si escribo por miedo esperando a que lo leas, pero algo, muy dentro de mi, dice que esta vez el cuento llevará buena letra.
Pero dicen que es mas fácil si uno apunta y el otro distrae al enemigo, dicen que hay cosas que sí que son para siempre, y no tengo apuntes que leer ni a nadie al lado pidiendo mimos, o con ganas de ser solo uno aunque sea cuando me miras desafiante al grito de "sube, que te llevo", que tenemos un camino por recorrer y no conozco otro transporte, tan seguro de que va a ser así siempre, y a la vez con tanto miedo.
Porque a veces puedo leer en tus ojos que con tantos golpes alguno tiene que ser el de suerte, que la vida te da palos pero somos muy rural boys como tu dices, y sabemos lo que es doblar la espalda al sol, los callos de las manos, y que nos sangren los labios los domingos de resaca, echándole la culpa al calimocho y no a tus mordiscos, porque aunque duelan, me gustan.
Y creo que con eso se resume todo, con un dolió pero era necesario, con un somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos, con un "siento no haber apretado fuerte tu mano todas las mañanas de Agosto".
Pero qué más da, si tú pones las hojas y yo el bolígrafo, si parece que el azul bic está de nuestra parte, si escribo por miedo esperando a que lo leas, pero algo, muy dentro de mi, dice que esta vez el cuento llevará buena letra.
jueves, 2 de febrero de 2012
Always. Z&S
Mi personal "para siempre" es un círculo infinito rodeado de quereres y dolores, aunque más de lo primero.
"Arrodillado te ofrezco un miedo al compromiso" 91problemz.
Nuestro para siempre comenzó mucho antes, cuando tú sonreías perdido entre mi pelo, que por aquel entonces era un atisbo de lo que es ahora, mientras yo dejaba que se afilaran mis rasgos, y al tiempo ambos tratábamos de sorprender lo insorprendible.
Comenzó una noche, en la que un "tenemos toda la vida" me hizo sonreír, y más tarde, ya entre los brazos de Morfeo, me asustó y eso me encantó, porque qué es la vida sin riesgos.
Nunca te mentí, vida mía. Cada roce me enganchó por el miedo y las ganas. Que no sé por qué te amo, si tienes ese puntito canalla, esa frialdad que me hipnotiza, y ese calor que me envuelve cuando solo quiero comer helado (o vasos de leche con galletas) mientras veo Los Simpsons, contigo. Esos celos que no son tal, si no mono de ti mezclado con envidia por poder compartir tu espacio.
Llegó Italia y pasó. Y quién me iba a decir a mí que pasaría aún más tiempo sin ti.
Un collar por Navidad. Un anillo por mi cumpleaños.
Barcelona.
Un anillo por mi cumpleaños. Porque tienes razón, sí me hiciste un regalo, el más valioso que pudiste. Que yo sellé con besos y con el miedo atenazando mi corazón, con las mejillas rojas y los ojos húmedos, sin saber cómo mirarte a la cara en medio de las hogueras de San Juan. Queriendo gritarlo al aire.
TE AMO.
Ese es mi para siempre.
"Arrodillado te ofrezco un miedo al compromiso" 91problemz.
Nuestro para siempre comenzó mucho antes, cuando tú sonreías perdido entre mi pelo, que por aquel entonces era un atisbo de lo que es ahora, mientras yo dejaba que se afilaran mis rasgos, y al tiempo ambos tratábamos de sorprender lo insorprendible.
Comenzó una noche, en la que un "tenemos toda la vida" me hizo sonreír, y más tarde, ya entre los brazos de Morfeo, me asustó y eso me encantó, porque qué es la vida sin riesgos.
Nunca te mentí, vida mía. Cada roce me enganchó por el miedo y las ganas. Que no sé por qué te amo, si tienes ese puntito canalla, esa frialdad que me hipnotiza, y ese calor que me envuelve cuando solo quiero comer helado (o vasos de leche con galletas) mientras veo Los Simpsons, contigo. Esos celos que no son tal, si no mono de ti mezclado con envidia por poder compartir tu espacio.
Llegó Italia y pasó. Y quién me iba a decir a mí que pasaría aún más tiempo sin ti.
Un collar por Navidad. Un anillo por mi cumpleaños.
Barcelona.
Un anillo por mi cumpleaños. Porque tienes razón, sí me hiciste un regalo, el más valioso que pudiste. Que yo sellé con besos y con el miedo atenazando mi corazón, con las mejillas rojas y los ojos húmedos, sin saber cómo mirarte a la cara en medio de las hogueras de San Juan. Queriendo gritarlo al aire.
TE AMO.
Ese es mi para siempre.
Resumen de una vida.
Cada día más sola, más mil leches, más triste, más loca, más mejor.
¿Y sabes qué te digo?
Mientras él esté conmigo, no tengo nada que temer. Y nadie a quién dar cuentas.
¿Y sabes qué más?
Olvídame.
¿Y sabes qué te digo?
Mientras él esté conmigo, no tengo nada que temer. Y nadie a quién dar cuentas.
¿Y sabes qué más?
Olvídame.
sábado, 21 de enero de 2012
Me gusta porque...
parece que lleváramos juntos toda una vida, y aún así, no deja de sorprenderme. Porque su lado de la cama siempre está caliente aunque fuera esté nevando y no haya calefacción. Porque no le gustan las almohadas blandas, ni las cosquillas, y le cuesta despertarse los domingos cuando no hay que despedirse en la estación de turno, y a veces acaba películas como diciendo "te quiero por encima del polvo que te voy a echar después, que puede esperar", y otras veces le queman las ganas y hace que hasta en la ducha le eche de menos. Okupó todo mi mundo, me cosió las alas, y muchas veces nos hace falta poquito más que la inseguridad y un par de botijos en el bar de la esquina, así, sin más, y paga el que lleva suelto. No tiene los ojos de ningún color y a la vez son de todos, esa capacidad innata que tiene de volar a las tres de la tarde como si fueran las de la mañana, aunque ni él es mi príncipe, ni yo su princesa; porque en este reino sobran coronas, banderas, ejércitos de mariposas desfilando por los estómagos, porque la pasión tiene ley: que sea entre nosotros. Y si cambia la dirección del viento me enciendo un piti y que suene Deltoya, que tenemos cuatro manos para girar el timón del barco.
domingo, 8 de enero de 2012
Le mort.
Aquella casa exudaba el aroma de la muerte. No literalmente, pero tú,
lector, me entiendes. Cada esquina suspiraba y gemía, viendo la lenta
partida de un alma más. Un nombre más. El mayor problema de ella era que
tenía el corazón fuerte. Sí, en su caso era un problema. A su edad y
con sus achaques, llevaría tiempo muerta de no ser por su corazón, que
se empeñaba en mantenerla viva de una manera u otra. Hay quien en
aquellos días decía que era una forma bonita y tranquila de morir, en
casa, con sus hijos. No existe tal forma, morir nunca es bonito, ni
tranquilo. Morir asusta, aunque quizá asuste más la muerte de otros que
la tuya misma. Morir implica enfrentarse a uno de los pocos misterios
que probablemente nunca alcancemos a comprender. Yo la veía vagar con
esos ojos que miraban sin ver, de un lado a otro, con la desesperación
pintada en unas pupilas tan negras como el iris. Tenía miedo, y también
podía olerlo. Cuando estaba de pie, apenas aguantaba unos segundos,
abrazada como un koala a mí, o a cualquier otra persona que la hubiera
ayudado a ello. De vez en cuando nos preguntaba si el corazón aún le
latía, o si la sombra del sillón era la muerte. No tía, contestábamos,
es tu sobrina. Nos pedía a todos, uno por uno, que rezáramos por ella, y
pese a todo yo acababa haciéndolo. Solo por si acaso, por si esta vez
me escuchaba. Aunque no me atrevía a pedir más vida para ella, porque no
sabía si sería peor. Simplemente pedía que estuviera bien y tranquila.
Lo más curioso de todo fue la rapidez con la que llegó el declive. Una semana antes, ella me decía que fuera a verla a solas, para darme caramelos y criticar a todos esos estúpidos de su alrededor, me decía, sabiendo perfectamente que todos "esos estúpidos" podían oírla. Y entonces, cuando la veía pedirnos que la lleváramos a la cama, y al decirla que no se inventaba otra excusa renovada y aún mejor, yo sabía que no estaba loca. Que sabía lo que decía, que era tan lista como siempre. Y que precisamente por ello estaba aterrada, como un niño ante un precipicio.
Lo más curioso de todo fue la rapidez con la que llegó el declive. Una semana antes, ella me decía que fuera a verla a solas, para darme caramelos y criticar a todos esos estúpidos de su alrededor, me decía, sabiendo perfectamente que todos "esos estúpidos" podían oírla. Y entonces, cuando la veía pedirnos que la lleváramos a la cama, y al decirla que no se inventaba otra excusa renovada y aún mejor, yo sabía que no estaba loca. Que sabía lo que decía, que era tan lista como siempre. Y que precisamente por ello estaba aterrada, como un niño ante un precipicio.
miércoles, 21 de diciembre de 2011
Por eso, no te vayas.
y entonces te recordare en toda la ropa dada de sí, en los cajones vacíos, la falta de palomitas por el suelo y los ceniceros semidesnudos, y todo podrá ser otra vez imperfecto y rutinario, y los miércoles sabrán a poco y menos aún los botellines de los viernes, y despertarse un domingo de resaca sólo podrá llegar a ser un sinónimo de derrota, si son mas de las seis y nadie se molesta en decir "buenos días, preciosa", los autobuses volverán a ser enemigos ocultos de las pasiones, guiños a la indiferencia cualquier día a las dos cuando tu mano se despida entre mis piernas, la mesa no servirá más que para estudiar, que mi habitación esté desordenada tendrá un sabor amargo, y hasta el hueco de mis clavículas te echará de menos.
domingo, 11 de diciembre de 2011
Le petite mort, siempre inconclusa.
y cuando vuelve a casa a cenicienta le sobran chupitos a falta de un principe que le traiga su zapato, porque duermen lejos y respiran mal por no acuchillarse el aire a base de besos, y se pierden en un par de callejones sin salida porque saben que al día siguiente saldrá el sol aunque no haya habido carroza de vuelta a casa, por el rollo ese de la superacion, de quererse más y mejor a medida que pierden la ropa, de conocer a ciencia cierta lo que es pelear entre kilómetros, no poder llegar porque han dado las doce, deshojar cada segundo de la espera, buscar aliento en un piti y que no me joda no escribir porque todo es perfecto, porque no hay penas que camuflar ni mundos paralelos que construir a base de tinta y folios arrugados, porque no tengo que contar más mentiras, porque Cien años de soledad parece lo que duró su espera, Rebeca Montiel tragándose sus mariposas y las de otras cuarenta, porque el sonido de los muelles les recuerda que siguen vivos, que aquí están a pesar de las tormentas, que tienen una eternidad por delante, con poquito más que la inseguridad vistiéndoles todos los días,quemando tronos, arañando espaldas, terminando películas como mayor exponente del romanticismo, abrazándose debajo de la ducha, apagando despertadores, queriéndose en amateur, como dice escandar, y lo que es más importante, follándose como si se hubieran buscado toda la vida...
domingo, 4 de diciembre de 2011
¿A los cuantos cállate empezamos a besarnos?.
Ninguno. Ninguno porque llegó sonriendo como si supiera que ella llevaba esperando ese momento toda su vida. No hicieron falta palabras, ni tan siquiera un gesto porque las calles de esa ciudad parecían distintas ya por esas horas. Y dicen que somos humanos y por eso nos tropezamos, que algunos aprenden de sus errores y otros simplemente los olvidan, que no hay que arrepentirse de algo si ese algo era justo lo que querías hacer en ese momento. Bueno, pues esta es la verdad: que le habría besado a él y solo a él hasta desgastarle, le habría prometido una eternidad que tenía guardada como el mejor de los secretos, habría planeado setecientos veintisiete lugares a los que huir con él, pero fui cobarde. Dicen que cuando quieres a alguien debes dejarle ir, y que si no vuelve, nunca fue tuyo.Y esta es nuestra historia: que si mi corazón latía (y late) era por sus sonrisas, porque tenía esa jodida fuerza capaz de mover montañas, esa tranquilidad aun cuando todo iba mal, esa capacidad de hacer que el mundo desapareciera por unos segundos...
Todos los lo siento van a ser poco, y nunca se me han dado bien las supercompensaciones, pero tal día como hoy, a eso de las dos de la mañana, a mi sólo me sale decirle que el miedo no me va a ganar este pulso: porque quiero abrazarle tan fuerte, que parezcamos uno solo, y si me voy, sólo va a ser a hacer palomitas. Dicen que ser el primero puede ser perfecto, pero ser el último es todo un éxito. Y leyendo eso, en una habitación que no es la mía y sabiendo que la cama esta fría porque no está el para calentarla, solo me sale decirlo: que después de él no hay nada más, y que pase lo que pase, y aunque hoy no esté para llamarme bonita medio dormido, soy la persona más feliz del planeta... no hay duda.
=)
Todos los lo siento van a ser poco, y nunca se me han dado bien las supercompensaciones, pero tal día como hoy, a eso de las dos de la mañana, a mi sólo me sale decirle que el miedo no me va a ganar este pulso: porque quiero abrazarle tan fuerte, que parezcamos uno solo, y si me voy, sólo va a ser a hacer palomitas. Dicen que ser el primero puede ser perfecto, pero ser el último es todo un éxito. Y leyendo eso, en una habitación que no es la mía y sabiendo que la cama esta fría porque no está el para calentarla, solo me sale decirlo: que después de él no hay nada más, y que pase lo que pase, y aunque hoy no esté para llamarme bonita medio dormido, soy la persona más feliz del planeta... no hay duda.
=)
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